Los titulares a esta hora son más que significativos: El Gobierno le quitó la licencia a Fibertel, empresa del Grupo Clarín. Cualquiera podrá opinar a favor de la medida, pero mientras el Gobierno, en su particular conflicto con el multimedios de mayor alcance en el país, decide la caducidad de la licencia dejando sin acceso a Internet a un millón de usuarios, otras cosas mucho más preocupantes son las que rondan en la cabeza de los argentinos.
Los usuarios de Fibertel, en su mayoría, por más que algunas cosas pudieran mejorarse, estamos conformes con el servicio. De hecho, no parece existir otro que resulte mejor en muchos aspectos. Y está de más decir que como usuarios nos importa un reverendo bledo el entuerto que enrola a Néstor Kirchner en este conflicto con el CEO de Grupo Clarín, Héctor Horacio Magnetto, porque las desavenencias de lo que otrora fue un matrimonio de intereses son las que ahora afectan al consumidor.
Verdaderamente esta cuestión harta a cualquiera, y no es para menos. Al amparo de una pretendida Ley de Medios el gobierno va cercando a quienes erige como enemigos, una cuestión que puede ser discutible, o no, según se lo mire. Ni una parte ni la otra son creíbles, pero la intención del oficialismo es clara y rotunda: se pretende aniquilar a los medios para manejar los contenidos, subestimando el intelecto de la ciudadanía. En lo que toca al Grupo Clarín los argentinos ya somos grandecitos para saber lo que tenemos que leer, ver o escuchar. No es que un planteo de competencias resulte extemporáneo, no al menos si no existiera la sospecha de que el gobierno quiere conducir la información a su antojo. Reglamentación de la Ley de Medios, Papel Prensa S.A. y ahora Fibertel.
Hoy, nuevamente, una mujer embarazada fue asaltada en la ciudad de La Plata, golpeada y robada; un hecho común por estos tiempos que revive las circunstancias de otro, no menor, ocurrido hace pocos días y con un resultado nefasto. A diario nos sorprende… ¿nos sorprende, realmente?, este brutal incremento de la violencia en hechos delictivos, desde las “salideras bancarias” y las tomas de rehenes hasta los asesinatos a plena luz del día, etc. Sumemos el desconcierto e incertidumbre motivado por los mezquinos intereses de la clase política, gobierno y oposición incluidos, enfrascada en sus cuestiones propias simplemente por la ambición de poder; la inercia de las autoridades policiales y la desastrosa gestión de la justicia. Así de trabada está la cosa, proyectos de ley bajo amenaza de veto, insultos y descalificaciones son aspectos cotidianos que nos rozan tangencialmente en un entorno cada vez más hostil.
Existen cuestiones mucho más importantes, casi extremas, cuya impronta exige más que una resolución de licencias. No existe, sin embargo, ningún esfuerzo por parte del gobierno y, peor aún, de toda la dirigencia política. Por el contrario, unos y otros, parecen estar más dedicados a seguir jugando con fuego mientras nosotros la vamos de simples espectadores.

